Formación continua en diseño de interiores: por qué nunca dejamos de aprender

Sep 2 / Carlos Rubio Orea

En diseño de interiores nunca terminamos de estudiar

Me dedico profesionalmente al diseño de interiores desde 1998 y, si algo he aprendido durante todos estos años, es que terminar tus estudios no significa terminar de estudiar. En realidad, ocurre justo lo contrario.

Cuando acabas tu formación en diseño de interiores y decoración tienes las herramientas para empezar a trabajar. Y digo empezar con toda la intención. A partir de ahí comienza otra formación mucho más larga, bastante menos ordenada y, probablemente, mucho más interesante: la que dura toda tu vida profesional.

Porque nuestra profesión cambia constantemente. Cambian los materiales, la tecnología, las normativas, las herramientas con las que proyectamos y, sobre todo, cambia la manera en la que vivimos.

Un interiorista que deja de aprender corre el riesgo de seguir diseñando en 2030 exactamente como aprendió a hacerlo en 2005.

Y se nota.

El diseño de interiores cambia porque cambia nuestra forma de vivir

Nosotros no diseñamos espacios en abstracto. Diseñamos para personas.

Y las personas cambian.

Hace unos años apenas hablábamos de teletrabajo, viviendas flexibles, eficiencia energética, domótica, economía circular, inteligencia artificial o nuevas fórmulas de convivencia. Hoy todas ellas afectan al diseño de viviendas y espacios interiores.

También ha cambiado nuestra manera de cocinar, descansar, trabajar, relacionarnos o disfrutar del tiempo libre. Basta comparar una cocina de hace treinta años con una actual.

Por eso seguir formándose no consiste en aprender cuál será el próximo color de moda. Para eso tampoco hace falta estudiar demasiado. Lo importante es comprender cómo está cambiando la sociedad y cómo esos cambios afectan a los espacios que diseñamos.

Los materiales evolucionan muchísimo más rápido de lo que parece

Mesa de trabajo con muestras de materiales, tejidos, madera, piedra y planos
Conocer materiales nuevos y entender su comportamiento forma parte del aprendizaje permanente.

Para mí, este es uno de los campos donde más evidente resulta la necesidad de actualización.

Continuamente aparecen nuevos porcelánicos, superficies compactas, revestimientos, tejidos técnicos, pinturas, soluciones acústicas, sistemas de iluminación, materiales reciclados o productos más sostenibles.

Pero en diseño de interiores y decoración no basta con conocerlos de Instagram o haber visto una muestra de diez centímetros.

Tenemos que saber cómo funcionan, dónde tiene sentido utilizarlos, cómo envejecen, cómo se mantienen y también cuándo no debemos emplearlos, aunque el fabricante nos asegure que sirven prácticamente para construir una estación espacial.

La experiencia profesional es maravillosa, pero tiene una pequeña trampa: puede llevarnos a utilizar siempre aquello que conocemos porque sabemos que funciona.

Seguir formándonos nos obliga a salir de ahí.

La tecnología ha transformado completamente el diseño de interiores

Interiorista trabajando con un modelo 3D, planos y muestras de acabados
Las herramientas digitales amplían las posibilidades de proyecto, pero exigen criterio y actualización constante.

En mi carrera profesional he pasado del dibujo manual al CAD, del CAD al modelado 3D, de los renders tradicionales a la visualización en tiempo real y ahora a la inteligencia artificial aplicada al diseño de interiores.

Y no tengo ninguna duda de que dentro de diez años trabajaremos con herramientas que hoy ni siquiera conocemos.

¿Significa eso que debemos apuntarnos a cada nuevo programa que aparece? Evidentemente, no. No nos quedaría tiempo para diseñar.

Pero sí debemos entender qué tecnologías pueden ayudarnos a proyectar mejor, comunicar mejor nuestras ideas, visualizar soluciones o eliminar tareas mecánicas que no aportan demasiado valor.

La herramienta puede cambiar muchísimo. El criterio sigue siendo nuestro.

La inteligencia artificial hace que la formación sea todavía más importante

Precisamente por eso no comparto demasiado la idea de que la inteligencia artificial hará innecesario saber determinadas cosas.

Creo que puede ocurrir justamente lo contrario.

Hoy podemos generar en segundos una imagen espectacular de un salón, una cocina o un hotel. El problema es que una imagen preciosa puede esconder una distribución absurda, una circulación imposible, una iluminación mal resuelta o materiales utilizados de una manera que ningún profesional recomendaría.

Si sabes diseño de interiores, lo ves.

Si no sabes, probablemente solo ves una imagen muy bonita.

Cuanto más potentes sean nuestras herramientas, más importante será nuestra capacidad para juzgar lo que producen. La IA puede ayudarnos muchísimo, pero no deberíamos delegar en ella precisamente aquello por lo que nos contratan: pensar.

También hay que seguir estudiando la parte menos fotogénica

Accesibilidad, protección contra incendios, instalaciones, eficiencia energética, sostenibilidad, seguridad, normativa de locales...

Reconozco que seguramente esta lista consiga bastantes menos likes que una selección de lámparas.

Pero el diseño profesional de interiores no consiste únicamente en conseguir espacios bonitos.

Especialmente cuando trabajamos en restaurantes, hoteles, comercios, oficinas o espacios de uso público, desconocer una normativa puede convertir una idea fantástica en un proyecto inviable.

Hay conocimientos que quizá no luzcan demasiado en Instagram, pero evitan muchos problemas en obra.

Curiosamente, suelen ser bastante rentables.

Formación continua no significa encadenar títulos

Tampoco quiero decir que para ser un buen profesional haya que hacer un máster nuevo cada año.

La formación continua en diseño de interiores y decoración puede adoptar muchas formas.

Puede ser un curso especializado, una masterclass, una feria profesional, visitar una fábrica, conocer un nuevo material, aprender un software, escuchar a otro interiorista o hablar durante veinte minutos con un instalador que lleva treinta años resolviendo obras.

También es viajar. Leer. Visitar exposiciones. Entrar en un hotel. Analizar un restaurante. Pasear por una tienda y preguntarte por qué han colocado una cosa aquí y no allí.

Los que nos dedicamos a esto desarrollamos una pequeña deformación profesional. Entramos en un restaurante y antes de mirar la carta ya hemos estudiado la iluminación, el pavimento, la acústica y probablemente el baño.

Hay enfermedades peores.

Un diseñador de interiores debe aprender también fuera del diseño de interiores

Esta me parece una de las ideas más importantes.

No todo lo que te convierte en mejor interiorista se aprende haciendo cursos de diseño de interiores o decoración.

Historia del arte, arquitectura, fotografía, diseño industrial, psicología, sociología, iluminación, jardinería, tecnología, marketing o gestión empresarial pueden cambiar enormemente nuestra manera de proyectar.

Cuanto más amplia sea nuestra cultura, mayor será nuestra caja de herramientas.

Porque los proyectos verdaderamente interesantes rara vez aparecen copiando otro proyecto de decoración. Aparecen cuando somos capaces de relacionar ideas procedentes de sitios distintos.

Tener experiencia no significa saberlo todo

Después de muchos años trabajando aparece otro peligro: creer que la experiencia sustituye a la formación.

No lo hace.

La experiencia proporciona criterio, rapidez y capacidad para anticipar problemas. Pero también puede convertir nuestras costumbres en dogmas.

“Siempre lo hemos hecho así” es una frase que debería ponernos bastante nerviosos en cualquier profesión creativa.

Después de más de veinticinco años trabajando y enseñando diseño de interiores, sigo encontrando materiales, tecnologías, profesionales y maneras de proyectar que me obligan a reconsiderar cosas que daba por aprendidas.

Y menos mal.

El día que un interiorista piensa que ya lo sabe todo es probablemente el día en que más urgentemente necesita volver a estudiar.

Seguir formándose también aumenta nuestro valor profesional

Hay además una cuestión bastante menos filosófica: el mercado es competitivo.

Los clientes tienen cada vez más información y esperan que un profesional sea capaz de hablar con solvencia de distribución, materiales, iluminación, sostenibilidad, tecnología, costes, decoración y nuevas maneras de habitar.

Ese conocimiento genera confianza.

Por eso la formación para profesionales del diseño de interiores no debería servir para coleccionar diplomas, sino para trabajar mejor, cometer menos errores, ampliar servicios y poder asumir proyectos cada vez más complejos.

Y todo eso acaba aumentando nuestro valor como profesionales.

Conservar la curiosidad

En INSENIA llevamos muchos años formando profesionales del diseño de interiores y la decoración, y hay una cualidad que siempre me ha parecido especialmente importante: la curiosidad.

Podemos enseñar materiales, construcción, iluminación, representación, decoración o gestión de proyectos.

Pero el profesional que sigue creciendo es el que continúa preguntándose por qué.

¿Por qué funciona este espacio? ¿Por qué este material envejece bien? ¿Por qué aquí estamos cómodos? ¿Por qué esta iluminación nos relaja? ¿Por qué hay lugares en los que queremos quedarnos y otros de los que queremos salir cuanto antes?

Esa curiosidad probablemente sea una de las mejores herramientas que puede conservar un diseñador de interiores durante toda su carrera.

Estudiar diseño de interiores te permite empezar una profesión. Seguir formándote es lo que te permite seguir siendo bueno en ella.

Y en una profesión que cambia tan deprisa, quedarse quieto es una manera bastante eficaz de empezar a caminar hacia atrás.